A medida que estudio la vida de Jesús, cómo amaba a los demás de forma práctica, lo que más me asombra es su autenticidad. Aunque por lo general se mostraba como una persona serena y pacífica, no evitaba los conflictos. Corregía a sus discípulos. Decía lo que pensaba. Nadie dijo que fuera una persona fácil de convencer o un encantador. Decía verdades como puños. No andaba por las ramas, iba siempre al grano. Hacía que los otros se sintieran incómodos si era necesario. Jamás permitía que la verdad quedara por detrás de la cortesía. No rehuía los enfrentamientos.

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Tomado de : Un Amor como Ese